La ciencia en la construcción de historias de ciencia ficción

Actualizado: 20 de jun de 2019




Hace muchas décadas, Asimov escribía en su artículo «De ninguna manera vulgar» que los jóvenes escritores que quisieran dedicarse a escribir relatos de ciencia ficción debían aprender ciencia. Al igual que Asimov, me identifico con su propuesta, porque considero que, no sólo los jóvenes escritores, sino los escritores de ciencia ficción deben conocer de ciencia. Al mencionar ciencia incluyo a todo el conocimiento humano, por ejemplo, la física, la biología, la astronomía, la comunicación, la sociología y muchas más. No es necesario que el escritor de ciencia ficción sea una eminencia en los temas científicos, pero si conozca los básicos. Menciono dos razones.


La primera razón es que la historia que se cuenta en un relato de ciencia ficción debe tener una base científica. Sólo la realidad científica nos entrega una cuota de verosimilitud en la historia. Además, el lector intuye que es una historia de ciencia ficción y no es de fantasía. Pongamos un ejemplo. Cuando un escritor cuenta una historia de un astronauta que viaja a Titán y tiene una aventura en este satélite. Primero, antes de asumir la escritura, se debe investigar. Hay que descubrir que sucede en Titán y resolver algunas dudas: ¿Es un satélite o un planeta? ¿Satélite de qué planeta es? (sólo así sabremos cuanto tardará nuestro personaje en llegar a su destino) ¿Cuáles son las condiciones atmosféricas? (Así sabremos que condiciones tendrá que enfrentar el personaje) ¿Cómo es el planeta? (Aunque no tengamos una evidencia real, podemos inferir a partir de la información que nos proporcionan los datos científicos). En la investigación descubrimos que Titán es uno de los satélites de Saturno y es el de mayor tamaño, que tiene una atmósfera formada del 95% de nitrógeno y 5% de metano y complejos compuestos de hidrocarburo, y que es, a parte de la Tierra, donde se encontró evidencia de líquidos estables en la superficie. El clima tiene vientos y lluvias muy similares a la Tierra, y crea características similares como dunas, ríos, lagos, mares. Y la temperatura puede ser de -179.5 grados Celcius. Conociendo estos datos, podremos plantear que el astronauta va a tardar algunos años en llegar a Titán (asumiendo que los cohetes espaciales se perfeccionen y ahorren tiempo), que cuando llegue a Titán se bajará del cohete con un traje espacial apto para extremas temperaturas y quizás, puede enfrentarse a una lluvia torrencial. Luego, puede descargar su vehículo y viajar por la superficie y podrá admirar un lago de metano. Pero valga una aclaración. Tampoco se trata de llenar de datos científicos al lector. No es necesario. Pero si es necesario que el escritor los tome en cuenta a la hora de escribir la historia. Es lo que Hemingway decía sobre su teoría del iceberg en las historias. El escritor estadounidense solía decir que las historias solo deben verse un cuarto de la historia y el resto debe permanecer debajo. En el caso de la ciencia ficción, el escritor debe describir que el personaje habita en «un Titán real», pero debe esconder los datos científicos, por ejemplo, el volumen de masa del satélite.


Pongo otro caso. Cuando escribí mi novela de ciencia ficción «Los Improductivos» tuve que investigar sobre la clonación humana, el genoma humano y lo que científicamente podría desencadenar una clonación sucesiva. Era necesario que la historia tuviera una base científica. En el caso de mi novela, la genética y la biología. Partiendo de esta premisa, escribí la historia y mi personaje (el Operador 220) sufre en carne propia la vivencia en una sociedad amparada en la clonación humana y el capitalismo extremo.


La segunda razón es que cuando se escribe ciencia ficción no se puede dar el lujo de equivocarse en elementos científicos básicos. Hay que considerar que los escritores de este género no podemos pensar que sólo nos debe interesar la historia, sino también las «minucias científicas». En el primer ejemplo, se cometería un error lastimoso que un escritor pusiera en su relato de Titán, que este satélite es de Júpiter. Sería un horrible error. En palabras de Asimov: «puede que enseñar ciencia no sea la función primordial de la ciencia ficción, pero enseñar ciencia mal debería ser para ella la cosa más execrable».


Otro ejemplo básico para ilustrar. Si la historia se desarrolla en la Luna, el escritor debe conocer que en el satélite terrestre no hay la misma fuerza de la gravedad que en la Tierra, por lo tanto, los cuerpos no se desplazan ni pesan de la misma manera que en la Tierra. Cuestión básica, debemos manejarla para no cometer errores y que toda la estructura del relato se desplome.

Por lo tanto, para construir una historia de ciencia ficción es necesario conocer los principios básicos de la ciencia (aunque no necesariamente a profundidad) que tengan relación con la historia que se escribe. De esta manera, las historias serán verosímiles, certeras y de calidad. Asimov decía: «no se puede tener buenas historias de ciencia ficción con mala ciencia».

Foto: https://saturn.jpl.nasa.gov/

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