¿Cómo se hizo Los Improductivos?
- Cristián Londoño Proaño

- hace 3 días
- 4 min de lectura

Una de las cuestiones más interesantes en la literatura es conocer los pormenores de la escritura de la obras literarias. En este caso, abordo mi novela Los Improductivos.
Una de las cuestiones más interesantes en la literatura es conocer los pormenores de la escritura de las obras literarias, ya que detrás de cada página escrita se encuentra un proceso creativo lleno de matices, decisiones y, en muchas ocasiones, desafíos. Este proceso no solo implica la creación de personajes y tramas, sino también la exploración de temas profundos que resuenan con la experiencia humana. En este caso, abordaré mi novela Los Improductivos, una obra que surgió de una intensa reflexión sobre la naturaleza del tiempo, la productividad y la búsqueda de significado en un mundo que a menudo parece valorar la eficiencia por encima de la creatividad y la introspección.
Desde hace años, una idea persistente rondaba en mi mente: la crítica al sistema capitalista y su modelo corporativista que reduce al ser humano a la lógica del ganador y el perdedor. No hay espacio para la humanidad, solo para roles productivos o improductivos. Esta reflexión se mezcló con dos hitos científicos que marcaron mi obsesión: la clonación de la oveja Dolly en 1996 y la publicación del proyecto del genoma humano en 2001. Estas dos realidades me hicieron cuestionar el futuro: ¿existirán clones humanos que sigan esa lógica perversa? Así comenzó la historia de Los Improductivos.

El origen de una obsesión
En 2001, mi interés por la clonación humana y el genoma humano se volvió una obsesión. Empecé a investigar sin descanso, leyendo artículos científicos, informes y debates éticos. La clonación de Dolly no solo era un avance tecnológico, sino un símbolo inquietante de lo que podría venir.
Me descubría a las tres de la mañana intentando descifrar el mecanismo detrás de la oveja Dolly: la transferencia nuclear, una técnica que consistía en vaciar un óvulo para rellenarlo con las instrucciones genéticas de otro ser. En mi mente, ese óvulo vacío no era solo un experimento de laboratorio; era un lienzo en blanco para la ambición de los mercados. Si la ciencia ya podía reprogramar células para diseñar seres vivos a medida, ¿qué impediría a las grandes empresas hacer lo mismo con nosotros, optimizando a los humanos para que fueran lo más rentables posible?
La presentación del mapa del genoma humano en aquellos primeros años del milenio tampoco me trajo optimismo, sino una profunda inquietud. Ver nuestra esencia reducida a una larguísima combinación de solo cuatro letras químicas me hizo comprender que el sistema ya no solo querría adueñarse de nuestro tiempo de trabajo, sino de nuestro propio código de barras biológico.
La distopía ya no venía en forma de robots mecánicos, sino de manipulación genética y bebés de diseño. Imaginaba fábricas humanas donde cualquier pequeño fallo en el ADN, un error de fábrica invisible a simple vista, condenaba al recién nacido a la basura, etiquetado para siempre como un subproducto defectuoso.
Sentía una urgencia casi física por plasmar el terror de un futuro donde tu derecho a vivir dependiera de pasar un control de calidad corporativo. La frontera entre lo que nace de forma natural y lo que se fabrica en un laboratorio se estaba borrando ante mis ojos.
La posibilidad de replicar humanos me llevó a pensar en un futuro distópico donde la lógica corporativista se aplicara a clones, creando una sociedad dividida entre productivos e improductivos.
Estas ideas no eran solo abstractas. Sentía que la novela debía nacer de una experiencia personal, íntima, que explorara no solo la ciencia sino también las consecuencias sociales y humanas. Así, Los Improductivos empezó a tomar forma en mi mente como un grito contra un sistema que deshumaniza.

El proceso de escritura y la publicación
Escribir Los Improductivos fue un proceso intenso y apasionado. El primer borrador lo terminé en solo tres meses, una escritura desenfrenada que buscaba capturar la urgencia de mis pensamientos. Sin embargo, la verdadera dificultad llegó después: la reescritura.
Tuve que revisar y rehacer el texto diez veces. Ninguna versión me satisfacía completamente. Quería que la novela reflejara con precisión mis preocupaciones y la complejidad del tema. La historia de Los Improductivos no solo es la de una novela, sino la de un proceso de búsqueda y perfección constante.
Finalmente, la undécima versión fue la que sentí completa. Sabía que debía publicarse, pero el camino no fue fácil. Envié el manuscrito a cuatro editoriales y todas rechazaron la obra. Fue un golpe duro, pero no me detuve.
En 2014, la editorial de Casa de la Cultura decidió apostar por Los Improductivos. Este apoyo fue fundamental para que la novela viera la luz. Tres años después, la editorial chilena Andesgraud mostró interés en publicar la novela para Chile, ampliando su alcance y reconocimiento. En el 2026, Ómicron Books decidió publicar la tercera edición.
Reflexiones finales
Los Improductivos es una historia que invita a reflexionar sobre el futuro que estamos construyendo. La clonación y el conocimiento del genoma humano abren puertas increíbles, pero también plantean preguntas éticas profundas. ¿Queremos un mundo donde el valor de una persona dependa de su productividad? ¿Dónde clones humanos puedan ser tratados como simples piezas de un sistema?
Para los lectores de ciencia ficción, esta novela ofrece una mirada crítica y personal sobre esos temas. Invita a cuestionar el sistema y a imaginar alternativas donde la humanidad no se reduzca a un rol productivo.
Si te interesa la ciencia, la ética y las distopías, Los Improductivos puede ser una lectura que te haga pensar y sentir.
Si te gustó esta historia, te invito a compartir tus pensamientos y seguir explorando temas que cuestionan nuestro presente y futuro. La literatura puede ser una herramienta poderosa para abrir debates y construir conciencia.
Nota: Contenido co-creado mediante colaboración humano-IA, entre Cristián Londoño Proaño e inteligencia artificial generativa














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Fascinante descripción de un proceso creativo. ¡Mis felicitaciones!