Underbreak: cuando el ciberpunk se instala en la psiquis
- Kleo
- hace 6 minutos
- 4 Min. de lectura

Underbreak lleva el ciberpunk a la psiquis: un dispositivo capaz de borrar recuerdos en una sociedad donde el control es placentero. Sin ilusiones de resistencia, la novela de Londoño Proaño proyecta las sociedades de control de Deleuze al año 2080. Un espejo incómodo del presente donde la sumisión no es violenta, sino seductora.
La ciencia ficción ecuatoriana tiene rasgos muy particulares. No es la de los sueños coloniales al estilo estadounidense, ni se contenta con adorar las máquinas. Es, más bien, una ciencia ficción que desconfía. Que interroga. La de Cristián Londoño Proaño, especialmente en su novela Underbreak, que fue publicada en su segunda edición por Ómicron Books en 2025, se inscribe en esa tradición de sospecha: el ciberpunk llevado no solo a las calles del futuro, sino a los recovecos más recónditos de la consciencia humana.

Ciberpunk: corporaciones, chips y control mental
El ciberpunk nació a finales de los ochenta como el grito de alerta de una generación que veía en las computadoras, las corporaciones transnacionales y la tecnología de vigilancia la verdadera amenaza para la libertad individual. Pero Underbreak no mira hacia atrás: proyecta esas preocupaciones al año 2080, y las magnifica hasta lo insoportable.
Como señala el crítico boliviano Iván Rodrigo-Mendizábal en Amazing Stories, la novela de Londoño Proaño entra en diálogo directo con el pensamiento del filósofo Gilles Deleuze sobre las “sociedades de control”. Deleuze advertía que el capitalismo avanzado no operaría ya mediante disciplina y encierro físico, sino mediante máquinas informáticas capaces de penetrar la consciencia. Y ahí, precisamente, es donde Londoño clava su bisturí narrativo: imaginando un dispositivo, el Underbreak, capaz de digitalizar, alterar y borrar recuerdos. Para Rodrigo-Mendizábal, esto representa la culminación de una lógica de control que ya está operando en el presente, disfrazada de democracia y libertad.
Un mundo donde el control es placentero
En el futuro que imagina Londoño, el planeta está unificado bajo un único Estado. Las corporaciones, amos de territorios fragmentados, compiten con el gobierno central. Los ciudadanos, sumidos en una comodidad provista por máquinas y androides, han renunciado a cualquier forma de resistencia. El sexo puede ser simulado. El amor, reemplazado. La propia justicia es acelerada y silenciosa: criminales ejecutados sin juicio.
José Luis Barrera, periodista ecuatoriano, en su análisis para La rue Morgue, subraya que la sociedad de Underbreak presenta una paradoja reveladora: a simple vista, el mundo es perfecto. La gente obtiene lo que quiere gracias a las máquinas. Pero “tampoco hay una sola persona que pueda asegurar que el dictamen fue justo, toda vez que el castigado no tuvo el derecho a un juicio legítimo”. La realidad es que el Estado pasó por alto cualquier procedimiento justo, limitándose a actuar como si los ciudadanos fueran objetos de los que puede disponer. Barrera identifica el verdadero horror: “A estos, por otro lado, el placer los ha empujado a la pasividad total, convirtiéndolos en torpes marionetas de un régimen que esconde su perfidia bajo el refinado manto de lo cómodo”.

Más allá del thriller: una reflexión sobre la creación científica
El protagonista de Underbreak es Bellow, un policía ejecutor corporativo, un “Shadow”, atrapado en la investigación de una serie de asesinatos que lo llevará a descubrir el proyecto que da título a la novela. Lo que comienza como un thriller convencional se revela como algo mucho más ambicioso: una reflexión sobre el destino de los científicos en una sociedad que los utiliza y luego los desecha.
Rodrigo-Mendizábal subraya que Londoño recuerda aquí el caso de Einstein: la ciencia produce inventos de valor neutral, pero el poder los redirige hacia la opresión. La energía nuclear fue “rediseñada” para crear bombas atómicas. Del mismo modo, el dispositivo Underbreak, concebido posiblemente con fines terapéuticos, se transforma en un instrumento de control de masas. Los mismos científicos que lo crearon se convierten en amenazas y, como tales, son eliminados por el sistema que los parió.
Para la escritora ecuatoriana María Alejandra Almeida, en su análisis para Fantasía, Ciencia Ficción y otras imaginaciones, el mérito de Londoño es convertir esta trama en “especulación racional”. Leer Underbreak implica plantearse preguntas que resuenan en el presente: ¿puede convertirse en realidad lo que describe? ¿Estamos ya en el camino? Marcela Royo Lira, desde su perspectiva de escritora chilena en su colaboración para Fantasía, Ciencia Ficción y otras imaginaciones, añade que el verdadero valor de la novela es “hacernos ver el peligro de una sociedad que avanza a pasos agigantados en el mundo de la ciencia y la tecnología”.
Ciberpunk ecuatoriano, ciencia ficción sin ilusiones
Lo que distingue a Underbreak de la tradición ciberpunk occidental es su desapego a las ilusiones de resistencia. No hay hackers rebeldes infiltrándose en sistemas corporativos. No hay una contracultural digital en ascenso. Lo que hay es una aceptación aterrada de que el sistema es total. El ciberpunk estadounidense aún creía en la posibilidad de resistencia individual. Londoño Proaño no tiene esa fe.
Y sin embargo, y aquí radica el verdadero poder de la novela, sus personajes sienten. Recuerdan. Aman. Esos residuos de humanidad que el Estado corporativo no puede eliminar del todo se convierten en su brújula moral. El escritor peruano Daniel Salvo, en Crónicas de Futuria, observa que la novela pone un interrogante que trasciende Ecuador: “¿Podría ser el futuro que se viene, no solo para latinoamérica, sino para todo el mundo?”
Underbreak es ciberpunk porque muestra un futuro donde las máquinas, las corporaciones y los sistemas de control han ganado. Pero es Londoño Proaño quien lo convierte en algo más: en una advertencia sobre dónde nos llevan nuestras propias invenciones si dejamos de cuestionarlas. En un espejo que refleja, incómodo, el presente.
Fuentes consultadas: Underbreak, tecnologías de control de Iván Rodrigo Mendizabal | Claves para leer Underbreak de José Luis Barrera | Una novela que estremece de Marcela Royo Lira | Underbreak, una novela de Cristián Londoño Proaño de Daniela Salvo | Una novela que no dejará despegarse de su páginas de María Alejandra Almeida.
Nota: Contenido co-creado mediante colaboración humano-IA, entre Cristián Londoño Proaño e inteligencia artificial generativa




.jpg)



