Breve historia de la ciencia ficción ecuatoriana
- Kleo
- hace 2 días
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La ciencia ficción ecuatoriana no es un fenómeno del siglo XX: comenzó en 1893 con Francisco Campos Coello. Hoy, académicos como Iván Rodrigo-Mendizábal o Fernando Endara la estudian, y autores contemporáneos como Cristián Londoño Proaño la proyectan internacionalmente.
Orígenes: la proto-ciencia ficción decimonónica
La ciencia ficción ecuatoriana tiene raíces más profundas de lo que comúnmente se cree. A diferencia de la narrativa dominante que ubica el género como un fenómeno del siglo XX, Ecuador participó activamente en la proto-ciencia ficción desde el siglo XIX, bajo la influencia de autores como Julio Verne, cuya obra fue conocida por intelectuales ecuatorianos de la época.
El precursor más temprano fue Francisco Campos Coello, escritor guayaquileño cuya novela utópica La receta (1893) marcó un hito fundacional en la ciencia ficción ecuatoriana. En esta obra, un viajero toma un elixir que lo hace dormir un siglo y despierta en el año 1992, permitiendo ver los cambios positivos de Guayaquil bajo el progreso científico. Los editores reconocieron que su trabajo podría haber sido firmado por el propio Verne. Le seguirían sus Narraciones fantásticas (1894) con relatos como “Viaje alrededor del mundo en 24 horas” y “Fata Morgana”, y Viaje a Saturno (1901), donde explora encuentros con extraterrestres. Otros autores del XIX como Juan León Mera también incursionaron en el género con relatos imaginativos de viajes especulativos.
A principios del siglo XX, Manuel Gallegos Naranjo publicó Guayaquil: novela fantástica (1901), una mezcla de mito futurista y novela catastrófica donde una ciudad imaginaria es destruida por un terremoto. Abelardo Iturralde publicó Dos vueltas en una alrededor del mundo: un viaje imaginario (1908), explorando la inmensidad del mundo natural desde la perspectiva especulativa.
La etapa moderna (1950-1980): consolidación lenta
La etapa moderna de la ciencia ficción ecuatoriana arrancó en 1952 con Zarkistán del ambateño Juan Viteri Durand, novela que abordaba telepatía y contacto extraterrestre. Dos años después, en 1954, el aclamado escritor Demetrio Aguilera Malta publica No bastan los átomos en la Revista Casa de la Cultura Ecuatoriana, la primera obra teatral de ciencia ficción ecuatoriana. La obra sigue a dos mujeres que esperan a un soldado y buscan detener a un dictador que robó un arma nuclear, reflejando las inquietudes atómicas post-Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, la ciencia ficción ecuatoriana sufrió una larga invisibilidad académica y editorial. A diferencia de Argentina, Brasil o México, que desarrollaron tradiciones vigorosas, Ecuador se enfocó principalmente en el realismo social y político. La literatura ecuatoriana tendía a afinarse en temáticas de corte social y político, dejando poco espacio para la especulación futurista.
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El redescubrimiento académico: 1970-2000
Solo a partir de los años 70 del siglo XX la ciencia ficción ecuatoriana comenzó a ser redescubierta como campo legítimo de estudio. Autores como Carlos Béjar Portilla, Abdón Ubidia y Fernando Naranjo reabrieron el camino. Béjar Portilla, cuyo interés se centra en lo trascendente, escribió Simón el Mago (1970), Osa Mayor (1970) y Sendalabí (1971), cuentos cargados de lo fantástico ligado a lo místico. Abdón Ubidia, con Divertimentos (1989), exploró la máquina como transformadora de la vida cotidiana e intrascendente. Santiago Páez, desde la década de los 90, es clave con sus cuentos Profundo en la galaxia (1994), que abren ideas sobre diversos temas, entre ellos, los viajes en el tiempo entrecruzado con el mundo indígena. Leonardo Wild, con Uneomotion (1996) y Die Insel die es nie gab (1997), publica en alemán e inglés, llevando la ciencia ficción ecuatoriana al ámbito internacional.
Como señala el académico Iván Rodrigo-Mendizábal en su análisis para la revista Quimera (2018), fue solo recientemente que investigadores como Álvaro Alemán y el propio Mendizábal rescataron sistemáticamente esta tradición olvidada, documentándola en trabajos académicos que luego fueron recogidos en el volumen “Historia de la ciencia ficción latinoamericana” (Vervuert-Iberoamericana, 2020).
El siglo XXI: renacimiento y consolidación
El siglo XXI marca un punto de inflexión definitivo para la ciencia ficción ecuatoriana. A partir de 2010, nuevas voces y nuevos enfoques revitalizan el género. Jorge Miño publica El crayón púrpura (2002), una especie de fantasía que entrelaza el tiempo de espera con la conjunción con un planeta. Galo Silva (bajo el seudónimo Henry Bäx) explora con El último Siloíta (2010) y El inventor de sueños (2011) las tecnologías y la posibilidad de engendrar vida. Leonardo Vivar Ayora publica La rebelión del silicio (2010), una colección de relatos de robots mezclados con lo místico, cuyo trasfondo es la exploración de la cordillera andina desde la ciencia ficción.
Pero el gran catalizador del siglo XXI es Cristián Londoño Proaño. Con novelas como El instinto de la luz (2011), Los improductivos (2014) e Underbreak (2015), Londoño establece una ciencia ficción dura en sentido clásico, con preocupaciones filosóficas y sociológicas profundas, que dialoga con autores como Isaac Asimov y Robert Heinlein. Su trabajo no solo recupera la dignidad del género en Ecuador, sino que lo proyecta internacionalmente. En 2024, Londoño Proaño fue seleccionado como el primer ecuatoriano en intervenir en la Worldcon, el evento más prestigioso del mundo de la ciencia ficción. Volvió repetir el hito con su intervención en la Worldcon del 2025. Fue invitado desde 2022 a la Convención Latinoamericana de Ciencia Ficción ALCCIFCON. Además, es miembro de la Asociación De Literatura Chilena de Ciencia Ficción y Fantasía ( ALCCIF).
Más allá de Londoño, otros autores contemporáneos consolidan el campo: Solange Rodríguez Pappe, cuya obra atraviesa lo fantástico y lo científico; Zoraida Córdova, reconocida por su fantasía y ciencia ficción juvenil; Paulina Soto Aymar que propone una ciencia ficción que articula temas de género, biotecnología y resistencia; José Daniel Santibáñez ha cultivado una ciencia ficción que se caracteriza por su tono filosófico, político y existencial; Jean Paul Pinto ha cultivado una ciencia ficción que potencia la prospectiva en temas de la seguridad y el futuro.

La infraestructura cultural del XXI
Un hito importante ocurrió en 2018 con la fundación de Teoría Ómicron, una revista digital de ciencia ficción dirigida por Cristián Londoño Proaño. Esta publicación no solo reúne autores ecuatorianos e hispanoamericanos, sino que ha abierto diálogo con críticos y académicos internacionales. Además, la Escuela de Ciencia Ficción y Fantasía de Ómicron Books proporciona capacitación formal en el género, democratizando el acceso a conocimiento especulativo. El sello Ómicron Books, único sello editorial ecuatoriano especializado en ciencia ficción y fantasía.
La presencia de académicos como Iván Rodrigo-Mendizábal en plataformas internacionales como Amazing Stories también ha elevado la visibilidad de la ciencia ficción ecuatoriana. Sus escritos sobre autores como Abdón Ubidia, Santiago Páez, Leonardo Wild y Londoño Proaño han posicionado a Ecuador dentro de conversaciones latinoamericanas más amplias sobre ciencia ficción, distopía y especulación. También, es importante mencionar a catedráticos como Fernando Endara que han estudiado y comentado las obras de ciencia ficción ecuatoriana, que han dado valor literario a esas obras.
Otro campo abierto recientemente es el estudio investigativo de la ciencia ficción con investigación de Iván Rodrigo-Mendizábal, Fernando Endara, Cristián Londoño-Proaño, Jean Paul Pinto, que trascienden lo literario a temas de innovación, de educación y del prototipado de la ingeniería.
Conclusión
Hoy, la ciencia ficción ecuatoriana sigue siendo minoritaria en términos de volumen editorial nacional, pero ya no es invisible ni ignorada. Ha transitado de ser un género olvidado del siglo XIX, a un campo académicamente legitimado en el XXI. La persistencia de escritores como Londoño Proaño, la labor de académicos como Mendizábal o Endara, y el crecimiento de plataformas digitales han creado un ecosistema donde la imaginación especulativa ecuatoriana puede florecer.
La historia de la ciencia ficción ecuatoriana no comienza en el presente, tiene un pasado. Ahora, el futuro del género en Ecuador parece más promisorio que nunca.
Fuentes consultadas: Ciencia Ficción Ecuatoriana: Las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones (Iván Rodrigo)| Ciencia Ficción del siglo XXI (Cristián Londoño Proaño)| Los pioneros de la ciencia ficción ecuatoriana (Cristián Londoño Proaño) | Participación ecuatoriana en la 82va Convención Mundial de Ciencia Ficción ( Teoría Ómicron) | Por primera vez un ecuatoriano es seleccionado para la Convención Mundial de Ciencia Ficción ( La Hora)
Nota: Contenido co-creado mediante colaboración humano-IA, entre Cristián Londoño Proaño e inteligencia artificial generativa





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