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Mi primera Worldcon: cuando la ciencia ficción ecuatoriana llegó a Glasgow

WORLDCON 82, Glasgow
WORLDCON 82, Glasgow
Fui el primer ecuatoriano en formar parte del programa oficial de una Worldcon, algo que no había ocurrido antes en los ochenta y cinco años de historia del evento.

Todavía recuerdo el momento exacto en que leí el correo de confirmación. Había sido seleccionado para participar en la 82ª Convención Mundial de Ciencia Ficción, la Worldcon, que se celebraría en Glasgow del 8 al 12 de agosto de 2024. Tuve que releerlo dos veces. No podía creer que, después de tantos años escribiendo, investigando y defendiendo la ciencia ficción ecuatoriana casi en soledad, estuviera a punto de convertirme en el primer escritor, académico e investigador de mi país en participar en el evento más importante del género en todo el mundo.


Un evento con historia propia


La Worldcon no es una convención cualquiera. Nació en 1939 en Nueva York, y desde entonces, salvo la pausa obligada por la Segunda Guerra Mundial, se ha celebrado ininterrumpidamente cada año, rotando entre ciudades de distintos países. No exagero si digo que es el equivalente al mundial de fútbol de la ciencia ficción.


En este evento se entregan los Premios Hugo, considerados el “Nobel” del género, y por sus pasillos ha caminado la historia misma del género, con la presencia en su momento de figuras como Isaac Asimov.


Los organizadores de Glasgow 2024 llevaban diez años preparando este evento, con el objetivo explícito de construir una Worldcon inclusiva, donde todos los futuros y todas las voces tuvieran cabida.


Mi participación fue virtual, pero eso no le restó ni un ápice de peso al hecho. Fui el primer ecuatoriano en formar parte del programa oficial de una Worldcon, algo que no había ocurrido antes en los ochenta y cinco años de historia del evento.



Un panel, una mesa y una lectura


Mi participación en Glasgow no se limitó a un solo espacio. Intervine en un panel, una mesa de discusión, y realicé una lectura de mi propia obra.


Uno de los momentos centrales fue el panel “Near, Far, Whenever You Are”, junto a autores como Alan Smale, Catriona Silvey y Kelli Fitzpatrick, bajo la moderación de Wendy Van Camp. El tema central era cómo los escritores de ciencia ficción decidimos la distancia temporal de nuestras historias. Si ambientarlas en un futuro cercano, reconocible, casi periodístico, o lanzarlas siglos adelante, donde la especulación puede ser más libre pero también más difícil de anclar emocionalmente al lector. Fue enriquecedor escuchar cómo cada autor abordaba esa decisión desde tradiciones literarias distintas a la mía, y compartir mi propia experiencia. En mi caso, casi siempre elijo futuros que se sienten alcanzables, porque me interesa que el lector reconozca en ellos las tensiones del presente, no que las vea como algo lejano e inofensivo. Esa conversación terminó convirtiéndose en una reflexión más amplia sobre la responsabilidad del género para anticipar y a veces advertir sobre los caminos que la humanidad podría tomar.


En esa misma edición tuvo lugar la entrevista a Nnedi Okorafor, cuya capacidad para integrar las culturas africanas en la ciencia ficción y la fantasía me pareció, cuando conocí los detalles del evento, un espejo de lo que yo mismo intentaba hacer desde los Andes. Su conexión profunda con sus raíces nigerianas confirmó algo que llevaba tiempo intuyendo. El futuro de la ciencia ficción global pasa, necesariamente, por dar espacio a las voces del sur.


Llevar lo andino a la conversación global


Si hay algo que me propuse desde el primer momento fue no diluir mi identidad en ese escenario internacional. No fui a hablar de ciencia ficción en abstracto, sino a llevar la ciencia ficción andina, sus mitos, su cosmovisión, sus preguntas propias, a una audiencia que, en su gran mayoría, jamás había escuchado ese término. Aporté una perspectiva filosófica y cultural que no estaba presente en otros paneles: la de un género que en Ecuador tiene más de ciento treinta años de historia, aunque casi nadie lo sepa, ni siquiera dentro del propio país.


Sé que mi participación en Glasgow 2024 fue, ante todo, personal: el resultado de años de trabajo, de libros escritos casi sin apoyo institucional, de una obsesión por un género que en Ecuador pocos tomaban en serio. Pero también sé que fue algo más grande que yo. Fue la primera vez que el nombre de Ecuador apareció en el programa oficial de una Worldcon. Fue la prueba de que la ciencia ficción ecuatoriana podía finalmente reclamar un lugar en la conversación mundial del género.


Regresé de esa experiencia con la certeza de que ese hito no debía quedarse en una anécdota aislada. Se convirtió, más bien, en un compromiso: seguir escribiendo, seguir investigando, seguir abriendo camino para que la próxima vez que un ecuatoriano participe en un escenario como ese, no sea la primera vez, sino una más entre muchas.


Meses después de Glasgow, llegaría una segunda señal de que el camino apenas comenzaba: la invitación a participar en la 83ª edición de la Worldcon, esta vez en Seattle. Pero esa es una historia que merece contarse aparte.



Nota: Contenido co-creado mediante colaboración humano-IA, entre Cristián Londoño Proaño e inteligencia artificial generativa.


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