Criaturas extrañas



Por Cristián Londoño Proaño

La primera imagen que llega a mi mente es el rostro de E.T, el personaje principal en la película ochentena de ciencia ficción de Steven Spielberg o el cuerpo gélido de los Ooli en la novela de ciencia ficción “Amanecer” de Octavia Butler. Ambos personajes son extraterrestres. En el primer caso, ET es un aligenígena de un metro cincuenta, de piel arrugada. ojos saltones y cabeza inmensa. En el segundo, los Ooli son extraterrestres tipo molusco, que tienen tentáculos sensoriales. Pero en ambos casos, nos sentimos identificados. Más de un espectador, lloró cuando E.T quiso ir a su casa; o más de un lector, se conmovió cuando supo que los Ooli tenían fuertes emociones mayores que las humanas y amaban más a la vida que los propios humanos. En ambos casos se cumple «una regla de oro» de todo obra de ciencia ficción. Los personajes, aunque sean extraños y repulsivos, deben tener actitudes, acciones y conflictos humanos.


Es preciso considerar que en toda historia de ciencia ficción, los escritores deben hacer que los lectores se identifican con los personajes. No importa mucho, sí el personaje es un monstruo de ocho patas y vive en una selva de Orión 5, en Próxima 6. El escritor debe proveerle de sentimientos y emociones humanas. A pesar que, en cada capítulo, el lector no comparta el comportamiento social del personaje, y le ponga los pelo de punta, su forma de alimentarse.


Cuando el escritor o creador crea el personaje, no sólo debe proveerle de acciones y actitudes humanas, sino que debe llegar consigo un misterio. Un pasado que el lector no lo conoce o que quizás lo intuye. Por ejemplo, el personaje de Darth Vader lleva un misterio latente. En las primeras escenas de la primera película de la saga de «la Guerra de las Galaxias» no se conoce su origen. ¿Cómo llegó a ser Darth Vader? ¿Cómo llegó a entregarse a lado oscuro de la fuerza? Este tipo de cuestionamiento hacen que el lector o el espectador se sienta atraído por el personaje. Orson Scott Card, en un libro «Cómo escribir ciencia ficción y fantasía» dice: «El público se ve atraído por lo extraño, lo poderoso, lo inexplicable».


Pongo un caso práctico. En mis novelas de fantasía andina «El Instinto de la Luz» y «El Tiempo muerto» creé un personaje llamado: «Awi». Éste es un joven que tiene la habilidad natural de viajar a los mundos de arriba y de abajo y se inicia en el aprendizaje de los conocimientos ancestrales, porque tiene un destino que cumplir: defender a su pueblo de las fuerzas del mal. Es un joven ávido de aprender, preocupado por sus seres querido, ama a su pueblo natal y es consciente de su propio destino. También comete errores, que luego los corrige y evoluciona. Página a página, aventura tras aventura, el lector acompaña a Awi en su viaje por los mundos de arriba y de abajo, entre los ancestros y las criaturas.


El escritor debe tener en cuenta que los personajes son los guías que tiene el lector para confrontarse con el universo de las novelas de ciencia ficción. Es una confrontación en que el lector quiere cambiar su percepción de cómo ve al mundo y cómo se ve a sí mismo. Es decir, el lector desea que le cuestionen su percepción de la realidad.

En definitiva, todo personaje inventado por un escritor o creador se convierte en una criatura única y extraña, que tiene actitudes, acciones y conflictos humanos y que lleva consigo un misterio que lo sigue como su sombra.

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